Juan José Millás Y La Introducción Tardía Al Blog


Como es debido, iniciaré con el final.

Gracias por leerme y por comentar (cuando lo hagan; cuando no, sé que lo no dicho es aún mejor, así que también les agradezco por no escribir ni una palabra).

Sé que no será de su agrado todo lo que escriba, pero sepan una cosa: a mí tampoco, por eso uso un lugar electrónico, para no desperdiciar hojas de papel a lo tonto y después me multen por matar a alguien valioso.

Editorial Perplejidad tratará de ser un blog literario, pero no sólo de relatos, poemas e historias itinerantes, sino también de opinión, de desahogo, de crudo sinsentido sobre algún tema que no se hable fácilmente en las calles. También tendré algunas reseñas que valgan la pena (como ya habéis visto, y si no, ¿qué esperan?).

Así que no me juzguen si hablo mal, al menos trataré de no escribir mal. Y crean lo que digo, porque si me ausento o si escribo mal, siento que lo que sucede en el mundo es mi culpa. No quiero que por una ausencia de algún acento comience la Tercera Guerra Mundial.

Si no entiende de lo que hablo y creen que estoy delirando de grandeza aun sin comenzar con el blog, les dejaré dos textos que me parecen cruciales en el origen de este sitio. Los dos de Juan José Millás; los dos excelentes.

(Si no quieren leer, por mi bien, me pagan por publicar. No, no es cierto, pero al menos no son hojas de papel.)


LA CONTRICIÓN ME MATA
[16-Ago-2000]

Escribir está bien de no ser porque a veces no escribes, y eso te llena de remordimientos. Yo empiezo a escribir a las seis de la mañana, al menos es lo que le he hecho creer a todo el mundo, incluso a mí mismo. Pero a las seis de la mañana estoy en la cama, despierto, con la conciencia intranquila, jurándome que en un cuarto de hora me levanto. Y a las siete sigo en la misma situación. Y a las ocho. Algunos días no me pongo delante del ordenador hasta las nueve o las diez. Quiere decirse que he estado tres o cuatro horas no escribiendo. Y no hay nada que canse tanto como no escribir. Si pasas muchas horas no escribiendo, luego tampoco puedes escribir porque estás hecho polvo.Si no escribir sólo me perjudicara a mí, me daría lo mismo, pero el año pasado estuve una semana entera sin escribir y hubo dos accidentes ferroviarios. Un día me llamaron de una revista para pedirme un artículo sobre la alopecia. Dije que no y a las dos horas mi abuela entró en coma. Telefoneé corriendo a la revista, dije que sí y mi abuela se recuperó, con gran sorpresa por parte de los médicos, que habían dado el caso por perdido. Al verla recuperada, me dio pereza escribir sobre la alopecia y le di largas al director. A los dos meses, regresaba una tarde del cine y noté un revuelo de gente cerca de casa. Me acerqué para ver qué pasaba y vi sobre el empedrado la peluca de mi abuela. La había atropellado una moto dejándole la calva al descubierto.

No escribir es espantoso. A veces te parece que el orden del universo depende de que escribas. Y, seguramente, depende. Los científicos creen que los días son ahora una milésima de segundo más cortos por culpa de la corriente oceánica La Niña. No es cierto: es porque no escribo todo lo que debería. Al dejar de escribir, se acelera la rotación de la Tierra. Por cada 100 sustantivos no escritos, el caos avanza una milésima de segundo. No he calculado el daño de los adjetivos, ni mi responsabilidad en el agujero de la capa de ozono porque la contrición me mata.

Lo malo del día en el que comienzas a escribir es que ese día comienzas a no escribir también. Por lo general, los críticos sólo ven lo que escribes y te juzgan por ello; si vieran lo que no escribes, tendrían mejor opinión de ti: lo que no escribes es genial. Tengo dos novelas no escritas que bastarían para pasar a la posteridad de no ser porque no hay manera de leerlas. Y tres volúmenes de cuentos. A los cuentos les viene muy bien la no escritura, mejor que la escritura, por la tensión literaria que produce el silencio.

La época del año en la que más remordimientos produce no escribir es precisamente el verano, porque al estar todo el mundo de vacaciones, la maquinaria del universo corre más peligro de descomponerse. En el Ministerio de Exteriores, por ejemplo, no ha quedado nadie, de modo que no hay forma de averiguar por qué el consulado de Miami no atendió como Dios manda a José Joaquín Martínez. Vale que no se encuentre Piqué, que, como es lógico, tiene que arreglar los problemas de terrorismo del Oriente Medio, pero podía haber dejado a algún subsecretario de guardia.

Pues igual de vacías que las dependencias de Exteriores están las cabezas de la gente. Oyes cosas que te ponen los pelos de punta. Mayor Oreja, por ejemplo, ha asegurado que ETA está fatal, pero que aunque estuviera bien no deberíamos decirlo. En cuanto a Arzalluz, apareció en la tele aguantándose la risa al explicar que lo que le pasaba a Anasagasti es que estaba preocupado por su mamá, que es muy mayor y ha perdido agilidad para salir de los autobuses incendiados. ¡Qué nenaza!, estuvo a punto de añadir. Por lo demás, hay en el Ártico un submarino nuclear ruso con 100 soldados sin oxígeno y un brote de brucelosis en León. Todo manga por hombro, en fin.

Si no escribes en momentos así, por la noche oyes crujir la maquinaria del cosmos como si le faltara fuelle y se te aparecen los rostros de los perjudicados acusándote de todas las catástrofes. Por eso me matan los remordimientos. Haz veinte copias de este texto y envíalo a veinte familiares o amigos. Rato se lo tomó a risa y subió la inflación. Luego, telefoneó al ministerio, le pidió a un ordenanza que hiciera las copias y la inflación subyacente al menos se quedó como estaba. Villalonga lo tiró a la papelera y perdió el trabajo. Entonces se acordó del papel, lo recuperó, envió las copias y le tocaron 7.000 millones. Créetelo.Villalonga

Tiró la copia a la papelera y perdió el trabajo.



LEER ES REBELARSE
[Lo conocí en Articuentos, 2000]

La mitad de los españoles no lee: ahí sí que hay dos orillas, dos Españas, sobre todo si pensamos que la mitad de los que leen no entiende. En mis intervenciones en institutos y colegios intento transmitir, no sé si con éxito, la idea de que la lectura constituye uno de los pocos modos que van quedando de rebeldía eficaz frente a un mundo cada vez más mortificado. Se acabaron las revoluciones, las tomas de palacio; no hay más cera que la que arde. Eso no quiere decir que no haya que modificar la realidad (a nadie le gusta), pero hay que cambiarla a base de ponerla en cuestión de tal modo que ni ella misma se pueda contemplar en el espejo sin avergonzarse.

Y eso se hace con palabras, con libros, no a guantazos. La mayoría de la gente que desprecia la lectura se asombraría de saber hasta qué punto el dominio de la palabra otorga un poder que no cabría atribuir a una herramienta tan humilde. De hecho, hoy, más que nunca, estamos gobernados por palabras. Desaparecidas, o en estado de gravedad extrema, las ideologías, los políticos nos gobiernan a base de jerga. Por lo general, no ganan las elecciones los programas, sino las jergas. Si al PP le ha costado tanto alcanzar el poder, y finalmente ha llegado a él de un modo tan precario, es porque, pese a los esfuerzos de Aznar, su gente ha leído poco y carece de jerga. Leer es poder. Con la lectura uno es capaz de cambiar totalmente su existencia y, en consecuencia, la de quienes le rodean. Eso es modificar la realidad.

Hay en el mercado de la rebeldía multitud de productos que no hacen sino afianzar el sistema establecido, que necesita ser transgredido para certificar su existencia. La lectura no está entre esos productos porque es verdaderamente peligrosa. El que lee pone en cuestión al hacerlo todo el montaje en torno al cual chapoteamos. Es cierto que lo hace de forma silenciosa, pero ese silencio es más ruidoso que el de mil borrachos asaltando una comisaría después de que su equipo haya perdido la Liga. Por eso, quizá, las humanidades, en general, están cada vez menos presentes en los programas escolares, porque quienes mandan saben que leer es la forma de rebelión más eficaz en los tiempos que corren.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Jazz: Música Del Alma Nocturna

Curiosidades Sobre La Literatura Y Los Libros

La Paciencia De Los Testigos De Jehová