La Paciencia De Los Testigos De Jehová

Últimamente he leido en muchos sitios la frase de: «Tú pensando que era un Testigo de Jehová y de idiota no le abriste la puerta». Por supuesto no va así, es más una paráfrasis del original, pero es gracioso porque no tiene nada de divertido y de lógico esa frase. Si la analizan bien, se darán cuenta que, siempre será el Testigo de Jehová, nunca el príncipe azul.
Y ahora que hablo de los Testigos... me intriga tanto su paciencia. ¿Se han dado cuenta que esas personas, aun cuando hace una semana o dos, pasaron por el mismo lugar, vuelven a tocar y a intentar para poder hablar con los inquilinos de ese hogar? Me impresiona la paciencia que tienen. Aunque no sé si es de ellos mismos o son mandados por su "superior". De cualquier manera sigo sorprendido por su insistencia que nunca muere.

Debo decir que ello siempre me ha producido una especie de tortura personal, una autolesión, porque me convierto en una comparación con ellos, veo que al menos hacen el intento de acercarse a alguien, y aunque tengan una negativa como respuesta, no cejan ahí y continúan con su travesía. Me parece deprimente ver que ellos si logran sacarle un segundo de la puerta abierta, o si no, mínimo un pensamiento a aquella persona que está dentro de la casa.
¿Qué pensaría ella si yo tocará a su puerta? ¿Estaría lista para mí? ¿Estaría disponible unos segundos para que, al abrir la puerta, me dijera «no, gracias»? ¿Que haría yo si no me abriera la puerta? ¿Qué haría si sí lo hiciera, pero después me la cerrará en la cara, diciendo que el fallo fue el mí y no el suyo?

Sé que las cosas nunca fueron como ella quería, sé que nunca pasó lo que ella quería que sucediera. Sé que no fui el hombre que debiera ser cuando estuve a su lado. Pero, ¿qué más podía hacer si ella no me dejaba? ¿Qué más podía hacer si ella era la que no me abría la puerta cuando intentaba acercarme a su casa? (Literal)
Creanme cuando les digo que, aun teniendo la impaciencia por verla, las ganas inmensas de llegar a su casa y abrazarla como si no la hubiera visto miles de años (y es que para mí eso había pasado), de, simplemente, llegar y verla, no podía. ¿Creen que eso es algo bueno? No culpo a su familia, ni la culpo a ella, en realidad, me culpo a mí por hacerme ilusiones. Por desgracia, ilusiones que aun existen, que un permanecen en el fondo de esta triste memoria vivencial.

Por cierto. Han pasado 4.000 días desde nuestro rompimiento. ¿Será posible que después de este tiempo pueda volver a verla, a decirle que la extraño, a decirle que me gustaría entablar una conversación sobre nuestros recuerdos? Difícil. Ella ahora tiene pareja, tiene una hija, es feliz, eso es lo importante. Yo, estoy soltero, no tengo nada de lo que enorgullecerme, y soy infeliz. Aunque, por momentos soy feliz, sólo cuando la recuerdo.
Es en esos momentos cuando recuerdo, de nuevo, la frase inicial, pero la modificaría por la siguiente: «Quizá el amor está del otro lado de la puerta, pero no abre. No tiene porqué hacerlo».

¿Debo seguir tocando la puerta como un loco?

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Para terminar, como haré en cada post de ahora en adelante, cada vez que se trate de una historia, relato, opinión, o algo informal, les dejaré una canción. Esta vez se trata de:

Incendios De Nieve de Love Of Lesbian


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